Archivos Mensuales: mayo 2018

Mitos y realidades de los duelos. Parte II

En el post anterior hicimos una introducción al peliagudo tema de los duelos, su proceso, elaboración y demás. Comenzamos hablando de la idea generalizada de que todos debemos transitar el duelo de un modo establecido, como si fuera una ruta única, con paradas establecidas y estados de ánimo predecibles. La investigación reciente de la Ps. Positiva viene a demostrar que esto no es tan así. Para algunas personas sí podría aplicar pero no para todos. Lo más importante, además, es que si no seguimos esa supuesta ruta no nos va a pasar nada malo o grave y no significa que estemos haciendo algo de modo incorrecto.

Los psicólogos españoles Carmelo Vázquez y Mª Dolores Avia en su libro “Optimismo Inteligente” son los que me inspiraron para compartir con ustedes este tema y sus conclusiones. Ya hablamos de que la depresión tras una pérdida no es inevitable. Si bien es probable, no es esperable que todos se depriman tras una perdida.

mitos-y-realidadesMITO 2:

El malestar es necesario, tras una pérdida, e indica buena salud mental.

Recuerdo en una ocasión en que un amigo había sufrido una pérdida muy importante y un conocido se me acerca en el velatorio y preocupado me dice: “Fulano está muy bien, no le ha caído la ficha, va a ser peor si no le ayudamos.” La idea del conocido era que “ayudase” a mí amigo a estar peor… lo cual desde el inicio suena muy extraño.

El psicólogo John Bowlby, padre de la teoría del apego, nos hablaba de dos tipos de duelo patológico: el crónico y el ausente, en este mito hablamos del duelo ausente. Otros autores e instituciones de salud mental, recomiendan “ayudar” a quienes “no muestren signos de haber iniciado el duelo.” (p. 246). La psicología tradicional cree que la ausencia de malestar es patológica de por sí y la relaciona con una supuesta negación de la realidad. El sujeto no estaría comprendiendo cabalmente la irreversibilidad de la muerte por ejemplo.

Podríamos argumentar que tanto Bowlby como el resto de la psicología tradicional parten de la idea errada de que el sufrimiento es “necesario” y no tenemos ninguna investigación moderna que abale tal idea. Sólo se sustenta en el sentido común, y en este caso, no es suficiente. La visión tradicional considera a la depresión en este caso como terapéutica. Puede ser que lo sea en ocasiones, pero no en todos los casos y desde luego no podemos desde nuestro rol promoverla. Por lo contrario, investigaciones recientes demuestran que aquellas personas que sí sintieron una depresión tras una pérdida aumentan mucho sus chances de permanecer deprimidas meses e incluso años después del suceso.

Investigaciones llevadas adelante por: Lund y cols (1985-1986), Bornstein (1973), Vachon y Rogers (1982) y Bonanno (2002) en viudos y viudas demostraron que aquellos que manifestaban una mayor respuesta depresiva, malestar, indefensión, soledad, etc. aumentaban sus posibilidades de malestar psicológico meses después. Por lo contrario, los estudios también demostraron que aquellos viudos que no manifestaron inicialmente reacciones de malestar severo inicialmente, tampoco sufrían posteriormente depresiones o crisis. Lo cual viene a barrer con la idea de que si inicialmente no estás mal estarás mucho peor al tiempo.

Wortman y Silver en 1987 y 2002 (Citado por C. Vázquez p. 249) investigaron a  124 padres que habían perdido a un hijo. Se los entrevistó a las tres semanas, tres meses y al año y medio posteriores a la pérdida. Los padres que manifestaron síntomas de depresión a las tres semanas o tres meses continuaban deprimidos, en su gran mayoría al año y medio posterior. En cambio, de aquellos que no manifestaban síntomas depresivos las primeras semanas y meses sólo el 2,5% estaba deprimido a los 18 meses. Se concluyó que la depresión y el malestar inicial no es necesariamente una etapa y no transitarla no te predispone para situaciones peores en el futuro.

Este mito disminuye la confianza en la capacidad humana de ser resistente y resiliente ante situaciones traumáticas. La depresión y malestar sólo viene a sumar dolor a una situación de por sí dolorosa, no contribuye y sobretodo no previene males mayores.

Les deseo una buena semana.

Si deseas  incrementar tu bienestar personal, conyugal u organizacional no dudes en consultarnos.

 Miembro de la Asociación Internacional de Psicología Positiva

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Lic. Roberto Martínez Hernández

Psicoterapeuta individual y parejas.

Cel: 099334647

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Mitos y realidades ante pérdidas inesperadas. Parte I

Hoy quiero compartir con ustedes la primera parte de mitos y realidades acerca de lo que sucede en nosotros ante la pérdida irreversible de un ser querido, una función corporal, un estatus social, etc. Pérdidas que serán recordadas como un hito importante en nuestras vidas.

Debemos considerar en primer lugar que cada uno de nosotros reacciona de un modo individual y personalizado ante estas situaciones adversas.  Hay 7 factores que determinan el grado de reacción traumática que tendríamos (McFarlane y Girolamo, 1996):

  1. Personalidad
  2. Historia familiar
  3. Apoyo recibido
  4. Estilo personal de afrontamiento
  5. Las experiencias pasadas
  6. Nuestros rasgos biológicos
  7. La coexistencia de otros sucesos negativos

Es por estos 7 factores que ante el mismo suceso adverso diferentes personas reaccionan y tienen reacciones diferentes.  Lo más importante para predecir si aparecerá una “reacción traumática” en una persona es saber qué interpretación personal le da al hecho, cómo se lo cuenta a sí mismo y a los demás.

La psiquiatría de los años sesenta en EEUU a partir de los trabajos de Elisabeth Kübler-Ross observó una serie de etapas en los moribundos y en cómo los familiares enfrentaban la pérdida. Allí surge un modelo de etapas que la persona debiera seguir .

Las etapas son las siguientes:

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elisabeth_kubler-rossLa Dra. Kübler-Ross representó un enorme avance en cuanto a la forma de tratar a los pacientes moribundos con respecto a lo que venía siendo usual. Significó una revolución que dio origen a los cuidados paliativos. Comprometida con su tarea ayudó a pacientes y familiares a transitar de un modo más humano momentos difíciles. Ella postuló que la persona al enterarse del suceso adverso o el paciente al momento de recibir una mala noticia sobre su salud pasaría por una serie de etapas: el modelo de Kübler-Ross. Este modelo tuvo una enorme repercusión en todo el sistema de salud y tal es así que por ejemplo yo lo vi mientras estudiaba en facultad.

Increíblemente sólo recientemente se han hecho nuevas investigaciones que ponen en duda al modelo como regla general para todos y en todos los casos. El morir es un proceso más complejo de lo que se creía, así como el duelo para los allegados. Lo que no menciona el modelo es a las personas que se saltean estas etapas o directamente no las siguen. En un principio se creía que estas personas estaban desviadas, haciendo una mala elaboración, etc. y en este punto es que llegamos al asunto de los mitos y realidades.

mitos-y-realidades

MITO 1:

Es esperable que se tenga una gran depresión y desesperación ante una pérdida. Las personas suelen deprimirse invariablemente. (Carmelo Vázquez, 2011)

En realidad este mito tiene una base real, como casi todos. Es cierto que muchas personas ante las pérdidas sí tienen depresiones, incluso importantes. El problema está en que no debemos “esperar” a tener una depresión luego de una pérdida, como si se tratase de algo inevitable. La mayoría de las personas no se deprimen luego de las pérdidas importantes. En cambio la tristeza sí acompaña a los dolientes hasta en un 80% de los casos de viudez por ejemplo, pero este estado transitorio y reactivo a la pérdida es transitorio y sólo entre un 20 y 30% de las personas que enviudaron tienen una depresión clínica. (Glick, Weiss y Parker, 1974).

Debemos ver este mito desde dos perspectivas; la personal  cuando somos nosotros quienes estamos a la espera de la depresión.

¡¡Uy, justo viene a pasarme esto, ahora si me deprimiré irremediablemente!!

y la social, que es aquella donde nosotros esperamos que el doliente o afectado se deprima y adopte conductas que concuerden con esa situación ya que de lo contrario no estaría “procesando” bien el duelo.

Estas dos perspectivas son muy juzgadoras de la persona y la presionan a “sentir lo esperable” de un modo tan fuerte que termina por sentirlo.

No quiero decir desde este espacio que no exista la depresión posterior al duelo o cosa similar, sino que la evidencia científica más reciente comprueba que la mayoría de las personas no se deprimen. Muchos experimentan un estado de tristeza fuerte pero transitorio.

Debemos tener la apertura mental suficiente como para admitir que cada uno haga el proceso que considere, incluso nosotros mismos a partir de los 7 factores que mencionábamos al comienzo.

Les deseo una buena semana.

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